Las mareas sacan los colores

J. F. Barrera

Las mareas granadinas


La semana pasada un nutrido grupo de Stop Desahucios protestaba en la esquina de la plaza de Isabel la Católica ante las oficinas de una entidad bancaria en una escena que ya es habitual para los granadinos. Vigilados por dos unidades antidisturbios de la Policía Nacional, hacían visible el hastío por lo que el periodista gonzo Hunter S. Thompson dejó escrito: «La única palabra más sucia del diccionario que ‘desahucio’ es la palabra ‘hambre’». Ese mismo día, en la Gran Vía, a pocos metros de esta protesta, ante la Subdelegación del Gobierno, 19 representantes de la Marea Amarilla –ni uno más, porque entonces la ley lo considera manifestación y hay que pedir permiso– exigían el soterramiento del AVE mientras el ministro de Fomento, Rafael Catalá, anunciaba los nuevos plazos de las obras: otoño de 2017.
No eran estas dos las únicas protestas. Otro puñado de metros más arriba, todavía en la Gran Vía, un grupo de sindicalistas con pancartas y megáfonos y silbatos protestaba contra los recortes ante la puerta de la sede de la Junta de Andalucía.
Algo está pasando en Granada. Alguien está sacando los colores a los políticos, los partidos, las administraciones y las instituciones. Son las mareas, las plataformas, las asociaciones de todo tipo que se han organizado, salen a la calle, conquistan las redes sociales y se han hecho un hueco entre la ciudadanía y unos gobiernos que navegan en un contexto de fragilidad. O, directamente, en funciones.






El escenario cambia para este reportaje, de Gran Vía a la Fuente de las Batallas, donde llegan primero los representantes de la Marea Blanca, de la Marea Amarilla y de la Marea Azul de Granada, a saber, Spiriman, Rufo y Carmen. El primero movilizó a más de 40.000 manifestantes el domingo pasado –el doble según los organizadores– y ha suscitado una reacción en cadena de los representantes políticos, desde el alcalde de Granada hasta la presidenta de la Junta. Susana Díaz pidió disculpas en el Parlamento y el delegado de Salud, Higinio Almagro, ha pasado del «ni un paso atrás» de ese domingo, a auspiciar la creación de un comité asesor y la promesa de escuchar a los trabajadores sanitarios y hacer los cambios que sean necesarios en el proceso de fusión hospitalaria, como el consejero Aquilino Alonso trasladó el viernes en persona.

En el caso de Rufo, se trata del presidente de la asociación de vecinos de La Chana, que junto a la de Bobadilla, la Plataforma por el ‘Ave Soterrado sí o sí’ del barrio de la Juventud, la plataforma de Loja ‘Ave sí pero no así’ y Salvemos la Vega han logrado con sus dos largos años de protesta como Marea Amarilla que entre cuatro y seis mil personas salieran a la calle el domingo 17 de septiembre y hacer que el mismísimo ministro de Fomento se saltara su agenda y viniera a Granada para prometer obras y plazos. Aunque, hay que decirlo, de soterrar la entrada del AVE en Granada y la variante de Loja, nada de nada. Todavía.

En el caso de Rufo, se trata del presidente de la asociación de vecinos de La Chana, que junto a la de Bobadilla, la Plataforma por el ‘Ave Soterrado sí o sí’ del barrio de la Juventud, la plataforma de Loja ‘Ave sí pero no así’ y Salvemos la Vega han logrado con sus dos largos años de protesta como Marea Amarilla que entre cuatro y seis mil personas salieran a la calle el domingo 17 de septiembre y hacer que el mismísimo ministro de Fomento se saltara su agenda y viniera a Granada para prometer obras y plazos. Aunque, hay que decirlo, de soterrar la entrada del AVE en Granada y la variante de Loja, nada de nada. Todavía.


Blanca, Amarilla y Azul

Tres mareas, la Blanca, la Amarilla y la Azul, que doblegan voluntades políticas por el interés social y que han sorprendido a Granada y al país entero. De momento, la manifestación del domingo pasado ha dejado a todo el país boquiabierto de la misma forma que la Marea Amarilla logró en septiembre que la desconexión ferroviaria de la ciudad de la Alhambra durante más de un año se convirtiera en noticia nacional de alcance y en titulares de todos los medios de comunicación españoles.

Vista esta situación de activismo y movilización social en las calles, en los grupos y en las redes sociales, cabe preguntarse si Granada está despertando de su letargo y se ha convertido en un espejo de solidaridad que va solucionando problemas, haciendo escuchar sus gritos y arrancando promesas, disculpas, cambios, obras e inversiones.

El movimiento #15M y Podemos tienen mucho que decir respecto al estado actual del activismo en todo el país y en Granada en particular. La cafetería de la Facultad de Psicología es un lugar amable con cafés con leche a menos de un euro. En la mesa se sientan tres viejos amigos: los profesores Manuel Sánchez y Fernando Fernández Llebrez, y la periodista Esther Sanz. Ellos fueron tres de los integrantes de DRY, el movimiento Democracia Real Ya que convocó la mítica manifestación del 15 de mayo de 2011. Y, también, las del 26J, 15O y la del primer aniversario del #15M. Son tres tipos lúcidos. Y tienen ganas de hablar.

Las preguntas son sobre la capacidad de sacar gente a la calle, la pertinencia de las manifestaciones y su capacidad de autoagotamiento y sus respuestas son dardos brillantes: «Los problemas que tienen los ciudadanos siguen existiendo, sucede que la capacidad que tienen los gobiernos ahora en este país de resolverlos es menor, porque están con alfileres o en funciones», explica Manuel sobre el contexto.

Esther tercia en la conversación para afirmar que «sacamos a mucha gente a la calle cuando el #15M, pero el hartazgo hace que el movimiento se desinfle. Más que hartazgo lo que desinflaba las manifestaciones era que llegó un momento que no se veían soluciones a los problemas. Dejaron de ser efectivas y había que buscar otras acciones más puntuales. Entonces fuimos cambiando la estrategia, con acciones puntuales». También se preguntan por qué baja la participación, y la respuesta de ella es que «la sensación entre la ciudadanía, sin embargo, es que se ha podido frenar el ‘todo vale’ en política tras el #15M. Hay más control por la capacidad de protesta en la calle, con la presencia en las redes sociales y el surgimiento de nuevos partidos».


Las diversas plataformas diseñan carriles bici, paran desahucios, convocan huelgas generales como la del próximo día 26 en la educación o logran que los partidos firmen el Pacto por la Vega


Ahora habla Fernando. Da en la diana al delimitar un ciclo en el activismo ciudadano, «que empieza con el ‘No a la guerra’ (2003) y termina justo antes del surgimiento de Podemos como partido político, aunque el reflujo es un poco anterior (2013)». Es una década completa.

Recuerdan entonces al alimón que «DRY y #15M desaparecieron, dejaron de existir» y «algunos nos metimos en Podemos, que ahora es un partido político, y no sé si eso es bueno o malo», matiza Esther. Una vez analizado el contexto presente y el pasado, que ha marcado la definición de un ciclo de activismo desde 2003 hasta la resaca del #15M, conviene ver las tendencias del futuro inmediato.

«Los movimientos sociales son reactivos a la esfera política. Un ejemplo: ¿Quién sacó entonces a la gente a la calle? ¿Nosotros o las chapuzas de Rodríguez Zapatero?», se pregunta Manuel no sin sarcasmo. Fernando responde y pone sobre la mesa de esta cafetería universitaria que «es necesario al menos analizar tres variables para predecir alguna tendencia. La primera es qué va a pasar con el probable gobierno del PP. La segunda es qué va a suceder en el POSE y la tercera es la deriva de Podemos, donde también puede pasar cualquier cosa». Queda una conclusión. Y entonces vuelve a hablar Esther: «Si Podemos demuestra que es útil en las instituciones, el activismo puede caer. Pero si Podemos es testimonial, aparecerá otro tipo de protestas, una vez más».


Las mareas granadinas

Una muestra representativa

Mareas, Marchas por la Dignidad, sindicatos, plataformas, asociaciones, todas persiguen objetivos sociales y llenan las calles de cuando en cuando. Este periódico ha hablado con varios de ellos, los que se caracterizan por una gran organización, canales de debate interno, adscripción nacional, veteranía y antigüedad y capacidad de llenar las calles. Antonio Redondo, de Stop Desahucios, nacido al calor del #15M, por ejemplo, explica sobre el renacimiento del activismo en Granada que «valoramos como muy esperanzador el resurgir de movimientos populares espontáneos como las plataformas y las mareas, nosotros mismos nos consideramos una de ellas y precisamente uno de los colectivos más veteranos en estas luchas. Los hechos mas recientes en este sentido vienen a demostrar la importancia de la participación popular y la absoluta necesidad de que la gente salga a la calle para reivindicar todos juntos sus derechos».

La Marea Verde también cita para empezar al #15M, «el antecedente de muchas de las cosas que vemos ahora, fundamentalmente de lo que entendemos por movimientos sociales». Sobre el actual contexto, sus portavoces explican que «la fase electoral que viene de las europeas y culmina en las pasadas elecciones tuvo un efecto negativo en los movimientos sociales. Las expectativas de un cambio y el trasvase de activistas al ámbito político llevaron a un bajón generalizado en el activismo». Y, también, convocan: «Nos gustaría que se informara sobre la próxima huelga en educación el 26 de octubre. De alumnos y profesores».

Y también, la Marea Naranja, donde la portavoz, Paqui Martín Rubio, explica que «se constituyó a mediados de 2012, coincidiendo con el decreto que recortaba derechos subjetivos de la Ley 39/2006 de autonomía personal y atención a la dependencia», y desde entonces, «hemos estado presentes en la panorámica del activismo en nuestra ciudad». También son apartidistas y «nuestra reivindicación básica es la defensa del Sistema público de servicios sociales que asegure una atención integral y de calidad y pública para la ciudadanía».


Toda una galaxia

Además de la galaxia surgida después del #15M y las mareas de todos los colores, hay movimientos veteranos que tienen mucho que decir. Por ejemplo, Salvemos la Vega, que surgió en los años noventa y que a día de hoy ha construido el Pacto por la Vega, ratificado por los ayuntamientos de este territorio y por la Universidad de Granada. También, todo un personaje como Jesús García, con la bicicleta por bandera, «y con años con la luz roja de la movilidad». Cuenta que «nuestras marchas intentan cambiar la idea de progreso y promocionar la bicicleta como medio de transporte».

Quedan los sindicalistas, los del viejo oficio, donde Ricardo Flores, de Comisiones Obreras, que ha venido a la Fuente de las Batallas a las cuatro de la tarde «y todavía no he tenido tiempo ni de comer», reconoce. Cree que «nuestro modelo sigue siendo el del mundo del trabajo. Salimos a la calle para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, y puntualmente coincidimos con reivindicaciones de otras mareas». Su conclusión, sumamente práctica: «Y si coincidimos magnífico».

Quedan más preguntas. ¿Aumentará la participación? ¿Crecerá el número de activistas? Andrés Maeso, politólogo que durante el #15M estuvo en la acampada de la Plaza del Carmen y posteriormente saltó a Podemos, tiene su propia visión del actual contexto y vaticina una posible tendencia: «Podemos entró en el #15M por la puerta grande y llegó a las instituciones. Pero chocó con el ‘stablishment’, porque nadie puede cambiar todo. Lo cierto es que hoy sí se puede afirmar que el escenario ha cambiado. Estamos en un nuevo periodo donde manifestaciones como la de la Marea Blanca del domingo pasado son una prueba». Sucede que en este momento, de ‘impasse’ institucional, sigue habiendo falta de respuestas, «y la gente sigue organizándose. Ahora, es más fácil que vuelvan a salir».



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