La segunda juventud del centro

Juanjo Cerero

Un grupo de niños corretea entre gritos y columpios de colores en una placeta. Sus padres les vigilan –o no– desde los bancos o la puerta de una cafetería aledaña y charlan entre sí. Aprovechan las últimas tardes de sol y temperatura agradable, ya nostalgia del verano que se fue, antes de que empiece a hacerse de noche demasiado pronto y el frío aconseje quedarse en casa, y antes de que los universitarios que un día serán sus hijos tomen las calles del lugar con sus propios gritos. Si se pidiera a un grupo de personas al azar que adivinase un lugar probable donde encontrar esta placeta, muy pocos la ubicarían en la manzana que da la espalda a la calle Obispo Hurtado, en pleno corazón de la capital. La imagen mental más común de esta zona está salpicada de personas mayores que caminan con paso lento entre comercios con décadas de vida a sus espaldas y edificios que no se caen porque sería de mala educación armar tanto jaleo.
La realidad que se esconde detrás del tópico es, sin embargo, bien distinta, como atestigua la tranquila negación con la cabeza de Miguel Ángel y Sol, de 35 y 38 años, padres de dos de los niños que campan por la plaza. El centro de la ciudad, junto a zonas de crecimiento y desarrollo más reciente, como la parte de La Chana junto a Parque Almunia y la avenida de Andalucía o los alrededores del Campus de la Salud, es una de las que más ha ‘rejuvenecido’ en los últimos años. Así lo constatan los datos que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE) en sus censos de población. En estas tres áreas, entre los años 2001 y 2015 descendió de forma sensible el número de vecinos empadronados mayores de 65 años y aumentó el de quienes tienen entre 18 y 45. Un relevo de generaciones llamado a redibujar el paisaje de estos barrios.



¿Qué barrios han rejuvenecido más en la capital?


Mapa de las zonas más rejuvenecidas de Granada



Miguel Ángel y Sol, que viven unos metros más allá de la plaza, no quitan ojo a sus dos hijos. Corren frenéticos, persiguiendo algo que sólo ellos alcanzan a ver. «Solemos pasar las tardes por esta zona o en la plaza de Gracia», explica Miguel Ángel. «Nos juntamos un puñado de padres de más o menos la misma edad con hijos pequeños, y ellos pueden jugar con los amigos que ya conocen del colegio». Miguel Molina y su mujer, Almudena, que también viven en el barrio, forman parte de ese grupo de padres y comparten su opinión. No les sorprende que «cada vez se estén viendo más vecinos jóvenes» viniendo a vivir a la zona.

Que el Centro sea una de las áreas que renueva su población no es una intuición común a primera vista. No hubo aquí una ebullición de nueva construcción producida por la burbuja, ni un desplome del precio de los edificios antiguos fruto del agravio comparativo. Sin embargo, la evolución de los datos en los alrededores de San Jerónimo y Elvira, ejemplos destacables de esta tendencia, muestran un claro recambio de generaciones. Entre 2001 y 2015, aunque el número total de censados creció un 4,1%, el de residentes mayores de 65 años descendió un 26%, mientras que el de menores de edad lo hizo en un 7,3%. Es decir, que cada una de esas personas mayores fue ‘sustituida’ por una más joven que, por lo general, no forma parte de un núcleo familiar amplio. Teniendo en cuenta la relación entre la bajada del número de mayores y el aumento de jóvenes, la estimación de este ‘rejuvenecimiento’ ronda el 14%.

Miguel Ángel y Sol, pareja con hijos que se ha venido a vivir al Centro de Granada.

«Cuando tienes hijos y vives lejos del Centro acabas haciendo de taxista de ellos todo el tiempo»



A Miguel Ángel y a Sol les faltan dedos en las manos para contar los motivos por los que decidieron volver al Centro después de haber vivido durante años en otros lugares de la ciudad y pueblos del Área Metropolitana. El principal de ellos, reconocen, es la comodidad. «Cuando llego a casa el viernes a mediodía puedo olvidarme con tranquilidad del coche porque sé que no lo voy a necesitar», explica Miguel Ángel, que dirige un colegio de primaria en Colomera. «Si estás fuera vives haciendo de taxista», apostilla.


Manuel Díaz, propietario de la inmobiliaria Pisoscentro, coincide en que tener casi cualquier lugar de la ciudad a un par de piernas de distancia es una de las razones por las que se está «deshaciendo el éxodo» de gente joven a la que la burbuja hipotecaria expulsó del Centro en dirección hacia barrios de la periferia y pueblos del Área Metropolitana, en especial entre 2004 y 2009. «El precio del metro aquí podía ser el triple que ahora, y en sitios como Camino de Ronda o Fígares el desplome ha sido bestial. Eso ha provocado que mucha gente se plantee volver».


En el conjunto de la capital, el precio medio del metro cuadrado ha bajado un 41,7% entre el mes de septiembre de 2008 y de 2016, según los datos de diversos portales de venta y alquiler de viviendas.


Chesco Martín

Chesco Martín, de 42 años, lleva más de dos décadas viviendo en Granada tras recalar en la ciudad para estudiar en la Universidad, donde ahora trabaja. En 2012 decidió que su mejor opción era irse a vivir al Centro. «Me venía bien, me lo podía permitir y así tengo el trabajo cerca». «Podría haberme mudado a otros sitios de la capital», reconoce, «pero no sería muy distinto a haberme ido a un pueblo». Tener acceso a las distintas opciones de ocio –teatros, cines, etcétera– con facilidad le ayudó a decidirse por el barrio, algo que destacan asimismo Miguel Ángel y Sol. «No sólo para nosotros», dice ella, «sino también para los niños».

Pero no todo es raciocinio y decisiones libres. Este proceso tiene un componente natural, cíclico, biológico. Ginés Soriano, director de la inmobiliaria TQ, que desarrolla buena parte de su actividad en el centro de la ciudad, coincide con Manuel Díaz en que no se puede descontar el efecto de la muerte de los propietarios o de los inmuebles, en muchos casos construidos durante la época del desarrollismo franquista y las promociones de protección oficial de entonces. Son frecuentes los casos, explica, de familias con varios hijos que reciben en herencia una vivienda en la zona; y también los de quienes ante esa tesitura deciden que lo mejor es vender, repartirse los dividendos y olvidar el tema. Por lo general, en estas situaciones las inmobiliarias contratan a otras empresas para hacer trabajos de rehabilitación previos a la venta. El objetivo es impedir que el precio caiga demasiado por un mal estado de conservación.

Todos los entrevistados coinciden en que la concentración de colegios de renombre en el barrio sirve como fuerza de atracción para muchas familias que buscan ‘colocar’ a sus hijos en centros concretos. Como en el proceso de matriculación se tiene en cuenta la distancia entre la vivienda que consta en el padrón y la escuela, mudarse al Centro es una forma de asegurarse más posibilidades de que el niño entre en el colegio que sus padres quieren –otros, claro, optan por hacer trampas–.

Y a veces es, simplemente, asunto de sangre, una llamada difícil de resistir que pide volver al hogar. Lo resume Sol, que no quita los ojos de sus hijos ni un segundo : «Mi familia ha vivido siempre por aquí, en la zona de Gran Capitán, y...». Deja ahí la frase. No hace falta explicar nada más. Como dice Manuel Díaz, «el centro de Granada es en sí mismo como un pueblo pequeño».



Mapa de las zonas de Granada capital donde más ha crecido la población.
Mapa de las zonas de Granada capital donde más ha decrecido la población.


Una cuestión de negocios


Esta segunda juventud es económica además de biológica. Para ver con claridad la brecha abierta entre generaciones no hay más que darse un paseo por delante de los escaparates de las calles Gracia y aledañas, por ejemplo. Negocios locales tradicionales de ultramarinos se mezclan con queserías de imaginería irónica, tiendas de lujo, lugares donde reparar bicicletas y salones para tatuarse y dejarse una barba que sea la envidia de otros hombres barbudos. La eclosión de lo que algunos, no sin maldad, han tildado de comercio ‘hipster’ también está relacionada con este nuevo perfil de vecino joven con poder adquisitivo suficiente. En el caso de Granada, hay que tener en cuenta su carácter de ciudad universitaria y que esta zona, como otras, adquiere valor extra por ser lugar de paso y estar siempre «muy animada», como resume Miguel Molina.

Pero si hay un mercado en auge en la capital, ése es el turístico. En él coinciden hoy un aumento de la demanda –por cuestiones a menudo externas a la ciudad, conviene recordarlo– y el entusiasmo con el que sociedad civil y administraciones se han lanzado a abrazarlo como bálsamo de fierabrás para todos los males (económicos). Manuel Díaz, de Pisoscentro, echa una visual a través de una de las ventanas de su oficina de Reyes Católicos. Un grupo de turistas aparece en mitad de la plaza del Carmen como hormigas acaloradas con enormes mochilas a la espalda. Su dedo señala una secuencia de edificios cercanos. «Ése lo han comprado para hacer un hotelito con encanto, y aquél, y el otro que ves al fondo». Los inversores, explica, están recurriendo a estos hoteles de pequeño formato, por así decir, después de los tres últimos años. Los apartamentos turísticos, que en la capital se cuentan ya por miles –más de cuatro mil en toda la provincia, de los que la mayor parte están en Granada–, se han convertido en el nuevo objeto de deseo de la pequeña inversión privada. «Ese mercado está en proceso de saturación», opina Manuel Díaz.


«El alquiler turístico podría volverse una burbuja y provocar una situación como la que se ha vivido en Barcelona»


Sin dar nombres concretos, cuenta que hay varias grandes empresas que se han puesto en contacto con él queriendo sondear la compra de suelo para abrir nuevas instalaciones ahora que, perciben, la economía del barrio se reactiva y existe un perfil de consumidor más activo que el de la persona mayor, que en general no se caracteriza por gastar con alegría más allá de lo necesario.

El problema, explica, es que el suelo de la zona es limitado y, en una economía de oferta y demanda, si esa tendencia se confirma no pasará mucho tiempo antes de que el metro cuadrado para uso terciario vuelva a estar por las nubes. «Es fácil que, si el mercado no se modera, haya otra vez un movimiento especulativo» debido a este interés por el ladrillo, no ya como inversión a medio o largo plazo, sino como elemento de comercio en el mercado turístico. Como ejemplo de esta hipertrofia, explica que en el Centro de Granada operan «30 veces más» compañías inmobiliarias que en el casco histórico de Sevilla, el de mayor tamaño de Europa. «Y el número se ha triplicado sólo en los últimos años».



El riesgo de convertirse en escaparate


Debajo de toda esta saludable renovación generacional dormita el peligro de que esté en marcha un movimiento de gentrificación, es decir, de cambio radical y rápido del entorno para atraer más y mejor inversión. Por lo general, estos procesos conllevan el desplazamiento de grupos de población, especialmente los más pobres o menos ‘rentables’ (entre ellos, los mayores), para que –básicamente– no molesten a los que gastan.

El comercio tradicional de zonas como la calle Elvira se entremezca con el 'comercio hipster'

En el caso del Centro de Granada los datos apuntan a que estos cambios son, de momento, más naturales y paulatinos que en las zonas cero de la gentrificación, como Brooklyn en Nueva York o el Soho londinense. Sin embargo, en opinión de Ginés Soriano, de TQ, es posible que un caso de gentrificación a la española, el de la zona céntrica de Barcelona, cuya mímesis con el mercado turístico ha provocado protestas entre los vecinos y que muchos de ellos afirmen que allí ‘ya no es posible vivir’, no diste mucho del que podría surgir en la capital granadina.

Tampoco sería la primera vez que ocurre. La experiencia del Albaicín, que han estudiado en detalle investigadores de la Universidad de Granada como Ricardo Duque, Juan Carlos de Pablos o Joaquín Susino, supone un ‘modelo’ que podría volver a repetirse apenas unos años más tarde y por motivos no muy diferentes.

Ajenos a maquinaciones y burbujas, al peso y los peligros de la historia que les rodea, los hijos de Miguel Ángel y Sol corren alrededor de los columpios, incansables, persiguiendo algo que sólo ellos ven. Se niegan a acudir cuando su madre les pide que saluden al periodista. Tienen cosas más importantes que hacer.




Más del 70% de la ciudad perdió población en los últimos quince años


Los casos de zonas como el Campus de la Salud o el Centro son ‘rara avis’ en relación con el conjunto de la capital, que ha visto cómo su población caía un 3,43% entre 2001 y 2015, según los datos del INE. Entre las zonas donde más población se ha perdido destacan pequeños núcleos de población anejos a los límites de la ciudad que, en argot popular, funcionan casi como si fueran pequeños pueblos dentro del término municipal de Granada. 141 de las 194 pequeñas zonas en las que se divide hoy la capital han perdido habitantes desde 2001. El área que más población se dejó en los últimos quince años es Lancha del Genil. Un apabullante 36,6% de todas las personas que hoy viven en la zona la han abandonado en los tres últimos lustros. Por detrás de ella se sitúa la zona de Bobadilla, que ofrece un panorama similar de progresiva despoblación, con un 35,5% de su número de habitantes total en 2015 que la han abandonado desde 2001. Este particular pódium lo cierra el Albaicín alto, que aunque también ha perdido población lo ha hecho de forma menos dramática que las otras dos, alrededor de un 8% en 15 años.



Evolución del crecimiento de la población en Granda capital y su Área Metropolitana






Así está dividida hoy la ciudad en cuanto a grupos de edad


Grupos mayoritarios de edad para cada una de las secciones censales de Granada capital




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