Montar la fiesta a cualquier precio

Los ayuntamientos deben hacer frente a una serie de gastos fijos difíciles de reducir para mantener vivos los festejos municipales, lo que en algunos casos supone dedicar a esta partida una parte importante del presupuesto

Juanjo Cerero

Las fiestas de pueblo son en España una institución más, con sus ritos y sus costumbres de siglos. Tímidos o etílicos bailes al compás de la orquesta, amores que acaban en silencio, como la música, en noches largas y calurosas que pareciese que ocurren siempre en otro lugar. Cada verano, volver al pueblo es también hacerlo a la ilusión adolescente de la fiesta. Los fastos municipales, ineludibles en los planes de cualquier alcalde, se vuelven menos mágicos cuando hay que cuantificarlos y ajustarlos en forma de partida presupuestaria. Escenarios, equipo de sonido y de luces, orquestas y bandas, carteles, carpas... vienen con la factura por delante. Unos gastos fijos que se amontonan con rapidez y pueden pronto salirse de madre. Cuando en el municipio ‘caben a más’, el coste se diluye. Pero si esto no ocurre, la fiesta puede acabar saliendo cara y dándole un buen bocado al presupuesto. Es lo que ocurre en once pueblos de la provincia, que dedicaron a esta partida más de sesenta euros por cada habitante, según los datos de la plataforma de datos presupuestarios Gobierto. Una cantidad que, incluso en soledad, bien vale una fiesta en condiciones.

El problema es que organizar unos días de fiesta conlleva una serie de costes fijos que no varían ya tenga la localidad diez habitantes o diez millones. Por esta razón, cuanto más pequeño el pueblo, más caras sus fiestas. De los once que gastaron más de sesenta euros por habitante en sus fiestas, sólo uno, Nigüelas, supera los mil habitantes, según los datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA). La mayor parte de ellos forman parte de la Comarca de Guadix, aunque también hay algunos en la zona de Los Montes, la Alpujarra y la Costa. Entre todos suman un gasto que supera los 550.000 euros. Si esto parece mucho a primera vista, nada más lejos de la realidad. Sólo la capital de la provincia, por ejemplo, dedicó un total de 757.583 euros a festejos en 2015, según sus presupuestos. Esta paradoja expresa el problema de los costes fijos y población variable: a pesar de superar en términos absolutos el gasto de estos once pueblos, en Granada ciudad esto supone poco más de tres euros por habitante. Una cantidad con la que se vuelve difícil festejar nada. Ni para tabaco da.



En Cogollos de Guadix montaron su semana de fastos a razón de 102.5 euros por cabeza hasta alcanzar los 73.609 euros proyectados en sus presupuestos. Sin embargo, esta cantidad acabó por no ser suficiente en 2015, cuando se superó la previsión y se acabaron gastando 80.240 euros, un 9% más. Casi uno de cada diez euros de los que dispone al año el Ayuntamiento local acabó siendo destinado a festejos.

El pueblo se encuentra en estos momentos en mitad de su verbena, que incluye eventos tradicionales como el encierro o la novillada sin picadores. El alcalde, Eduardo Martos, considera que son estos eventos los que más costosos resultan, mientras que el coste de otras actividades que se realizan al cabo del año es mucho menor y no supone un quebradero de cabeza. De hecho, explica el alcalde de Cogollos, además de lo que se consigna en el presupuesto, en el pueblo existe una comisión de fiestas a las que los ciudadanos van contribuyendo voluntariamente, y los actos menores se sufragan con estas aportaciones.

El segundo lugar de la lista es para Escúzar, cuyos 791 habitantes pusieron a escote casi noventa y seis euros cada uno para financiar sus festejos, según los datos proporcionados por Gobierto. Maite Sánchez, agente de innovación del municipio, explica que buena parte de este dinero se destina a las fiestas patronales, celebradas este año entre el 15 y el 21 de agosto. «Se monta una carpa que vale un pastón», detalla, «y también se va mucho dinero en la orquesta, porque en este pueblo gusta que las orquestas que vienen sean buenas», dice entre risas. Además, contratan a una empresa que organiza cada día actividades de ocio para los niños o se organizan comidas para invitar a los mayores de la localidad.